Plantada en alguna parte, no en el corazón sino más arriba, ella tenía una idea que había circulado por su sistema durante años. Afloraba por su garganta y cuando estaba por alcanzar la punta de su lengua, se la tragaba y la depositaba en el fondo de su ombligo. Ayer, cuando escuchaba el mar sin que nadie más se diera cuenta, la idea encontró el camino difícil hasta sus ojos. Hizo una mueca, intentó detenerla, intentó rechazarla, intentó abrir mucho la boca para dejar que se la llevara la briza, intentó sacarla de su nariz en un estornudo, pero nada funcionó. La idea se había escurrido entre la sangre, subido pacientemente hasta las glándulas lacrimógenas y ahora quería escapársele en una lágrima. Por primera vez, ella no podía hacer nada más. La dejó escurrir por su mejilla para depositarse en su mano. Entonces la observó, con la curiosidad de haberla conocido siempre y aún así no saber de qué se trataba. La idea se hizo un charco pequeño, luego brilló con el color que el mar mismo...
Conversaciones en el vacío de muchas voces.