Había una vez una niña que veía a la luna todas las noches desde la ventana de su cuarto. Se asomaba mientras la noche era más oscura alrededor del astro, observaba plácidamente cada recoveco y soñaba con volar. Mira, luna, luna, luna, a la niña que te mira y te sonríe. Mira y platica con tus labios de nubeluz. Escucha con tus estrellas... Mira, luna, luna, luna, que ella ni se va ni se aburre, que te abraza desde abajo con los ojos, que te atesora en los dientes, que te toma prestados pedacitos de sol. La niña miraba y platicaba con la luna cuando sus padres y su hermana se iban a dormir, le contaba toda clase de cosas. Le hablaba de su abuela que le decía que se para derecha, de su padre que la regañaba por poner los codos sobre la mesa y de su madre que le peinaba la melena enmarañada con cariño por las mañanas. Le decía que cuando fuera grande encontraría la manera de llegar a la luna y traer un pedazo con ella para dárselo a sus hijitas, que tendría muchas. Un día, la niña tuvo ...