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Mostrando las entradas con la etiqueta infantil

El hada de color morado

Érase una vez un hada de color morado... su historia fue escrita en la puerta de una chica con una cama de princesa loca de manicomio y unos audífonos que transtornan la realidad a su paso. Algún día le tomaré fotos y podrán leer lo que de ella fue.

El sillón

Una tarde noche, cerca de que la luna se asomara entre las nubes, una niña y una prima nadaban en una alberca fortuita.  Una borbolla de burbujas apareció de pronto en una esquina haciendo blop blop blop. Una sombra amorfa se podía ver debajo de las burbujas. Del agua, de entre el blop blop blop, salió una esquinita mullidita de tela verde estampada. Apenas y se veía entre el alboroto. ¡Era un sillón! Pequeño y acolchonado que apareció al otro lado de la alberca. Despacito, se acercó a la niña y la invitó a sentarse sobre él. Le dijo que él flotaba muy tranquilo y que ella podía ir en él a lo hondo. Pero ella lo miró con extrañeza y le dijo: - tú no eres un sillón, los sillones no nadan. - ¡Ah!, pero yo soy un sillón especial que nada en las albercas. - Pero los sillones no hablan… - respondió ella. - Es que yo soy un sillón mágico que habla y nada en las albercas. - Pero los sillones no hablan porque no tienen cara… - Claro, y en la cara tiene uno la boca con la que habla, ella...

Regalando lunas

Había una vez una niña que veía a la luna todas las noches desde la ventana de su cuarto. Se asomaba mientras la noche era más oscura alrededor del astro, observaba plácidamente cada recoveco y soñaba con volar. Mira, luna, luna, luna, a la niña que te mira y te sonríe. Mira y platica con tus labios de nubeluz. Escucha con tus estrellas... Mira, luna, luna, luna, que ella ni se va ni se aburre, que te abraza desde abajo con los ojos, que te atesora en los dientes, que te toma prestados pedacitos de sol. La niña miraba y platicaba con la luna cuando sus padres y su hermana se iban a dormir, le contaba toda clase de cosas. Le hablaba de su abuela que le decía que se para derecha, de su padre que la regañaba por poner los codos sobre la mesa y de su madre que le peinaba la melena enmarañada con cariño por las mañanas. Le decía que cuando fuera grande encontraría la manera de llegar a la luna y traer un pedazo con ella para dárselo a sus hijitas, que tendría muchas. Un día, la niña tuvo ...

De cómo los pingüinos fueron aves que no quisieron volar

Cuentan las historias de los viejos que el mundo se hizo de agua. Dicen que primero fueron los grandes mares, luego emergieron de ellos las imponentes montañas y sin que alguien pudiera darse cuenta, ya habían aparecido los cielos. Las creaturas fueron al final, compuestas por pedacitos de cosas que se quedaron varados en lugares distintos, los osos de nieve perdida entre las rocas, los peces de cachitos de aire encerrados en agua, las arañas de girones de nube atrapados en las copas de los árboles que ya eran viejos en el mundo. Las aves fueron las más interesantes, diversas en sus formas y colores cada una tomó de donde quiso lo que más le gustó, el águila es aire frío más piedra volcánica, el quetzal es piedra preciosa más aire selvático, la gaviota es brisa marina y arena. El pingüino nació entre todas ellas, una mezcla de agua marina gélida, aire austral y roca de acantilado lo formaron. Él decidió ser como es, ni ave ni pez. Miró al mundo desde su montaña olímpica y quiso bajar a...

La festividad del año

Febrero es el mes más esperado en el pueblo donde nací, año con año los niños alistan sus cubetas y las botas impermeables para salir corriendo al tañer de las campanas, los adultos miran una y otra vez a la ventana esperando ver las nubes en el cielo que anuncian la festividad más añorada. Dicen que tiene efectos medicinales, que a los ancianos los hace sentir jóvenes, a los tristes felices y a los niños les causa una euforia placentera llena de imaginación, a los letárgicos los hace soñar, a los adultos los lleva a una especie de éxtasis que sólo ellos conocen y para cada uno es diferente. Vienen turistas de todas partes del mundo a esperar la lluvia de mediados de febrero, desde la lejana India vino una vez un monje budista, se asombró tanto de los efectos del fenómeno que no quiso regresar a su país, ha fundado su propio templo en lo alto de una montaña cercana al pueblo y desde ahí profesa su fe en Buda y en la lluvia mágica de febrero. Se cuenta que hace mucho tiempo vino de Euro...

Papá Ceniza

¿Alguien ha visto el final del abismo? Sentado en su mecedora milenaria Papá Ceniza mira al ocaso. Le saludan los árboles con sus ramas bailarinas, el viento las mece. Con una sonrisa se acerca a lo lejos un niño morado, salta y ríe y se siente feliz corriendo por los aires. Ha llegado a casa. Papá Ceniza observa caer la noche sentado aún en su silla. Espera tranquilo que las estrellas le iluminen el rostro. Recuerda, con el niño morado sentado en el piso a un lado de él. Recuerda cuando era joven, una flama roja y ardiente. - Me acuerdo - dice con su voz cansada y vieja-, de las veces en que tu tío y yo íbamos a cazar mariposas por el bosque, las atrapábamos con redes de nube y las traíamos en cajitas de cristal para conquistar a las muchachas, ellas se volvían locas con las mariposas de colores... - ¿Qué hacían ellas con las mariposas? - Las engarzaban en sus ropas con hilos de algodón que amarraban a una de sus patas, les daban de comer pedacitos de hoja y las dejaban volar dentro d...

La vaca en el tejado

Una vez conocí a una vaca voladora, pastaba sobre los tejados porque decía que allí nadie le quitaba la comida, se comía las hojas de los árboles altos y los musgos que crecían en los techos de las casas. La vaca decía que el mundo desde arriba se mira diferente, si te subes a un edificio muy alto todos parecen hormiguitas y si te quedas en el techo de una casa pequeña simplemente ves todo desde afuera. La gente se le quedaba mirando, a veces la señalaban diciendo: "wow, miren, hay una vaca en ese techo", cuando ella los veía mirándola mejor emprendía el vuelo y comenzaba a pastar en otro tejado. Un día yo contemplaba las nubes cuando vi a una vaca venir volando, me hice a un lado y ella aterrizó en mi techo, metió su hocico en una maceta y se comió los tréboles que yo estaba guardando para hacer ensalada. Fue entonces cuando me contó su historia, de cómo descubrió que volaba un día cuando un ganadero quería alejarla de su madre, y de cómo escapó de la granja en la que vivía ...

Dafne

Dafne habló desde abajo, como si la litera no presentara barreras para hablar francamente con su consciencia acostada arriba. Ella la escuchaba. Apaciblemente, sumida en pensamientos existencialistas, Dafne delimitaba frases con una coherencia digna de envidiarse, hablaba segura de sí, de sus palabras, de aquello que la traía dando vueltas en su habitación soltando a su conciencia un parloteo ensordecedor del que no esperaba respuesta. Un discurso retórico, para no decir monólogo directo, soltaba pregunta con respuesta siempre al mismo tiempo y conociendo causa y consecuencia tanto como la semántica correcta para enunciarlas. Era una mezcla mítica de erróneos pasados y supuestos futuros que cañian en la monotonía de un remolino dudoso. Dafne respiraba a ratos, entonces detenía su voz y sólo mascaba aire en el esófago, se dejaba de dilusidaciones con o sin sentido y sólo respiraba. En ese momento su consciencia tranquila replicaba su argumento con palabras filosas, cortantes de la duda ...

Dragón de agua ( ¡4! )

La noche cae tranquila entre murmullos de mar que acaricia arenas. El horizonte se va vistiendo de gris conforme el sol se oculta tras las montañas de la sierra, el este se está platinando y choca con el mar bajo un estruendo azul que difumina aire y agua. La brisa sopla desde el océano, roza las olas, juega con los cabellos de quien se pasea sobre el arena, mezcla su sal marina con el trinar de los pájaros que se despiden del día para irse a dormir. Ella camina por la playa con una tranquilidad recorriéndole las venas. Siente la brisa sobre su rostro, la respira y le resulta como una droga marina que la invita a refugiarse entre las aguas y los mil sueños que guarda el mar sin tiempo. Cierra los ojos y aspira profundamente esa sal que penetra sus ideas, mira de nuevo el horizonte y baja la vista a la arena cercana... Ahí está, exhalando un aliento de fuego acuífero, con la cabeza saliendo de la tierra, los ojos de azul que bulle, los largos bigotes de espuma salada y las escamas color...

Ensueño

Hoy desperté entre flores de mármol, frías y tersas, pétalos de roca labrada que inertemente eran inmunes al tiempo. Hoy volaba con alas de cartón en un cielo empapado de dudas, caí en un cráter lleno de espuma corrosiva y es que la Tierra estaba celosa de mi vuelo. Hoy caminé entre hiedras con los pies desnudos, sentí el dolor en las plantas y las pupilas, entonces un clamor monotónico calló mis lágrimas. Hoy me vulneraron miles de voces monocromáticas, monosilábicas, persistentes en su aullido aturdidor, despechado y despreciante, desmerecido. Hoy tuve sed de un agua que no se bebe, navegué desiertos en su búsqueda y encontré arena movediza. Hoy no cerré los ojos para no perderme nada, para viajar entre imágenes y palabras que lo dijeran todo, lo expresaran todo, lo supieran todo. Hoy desperté en contra de mi voluntad, abrí los ojos sabiéndome ignorante y quise volver a soñar pero las flores de piedra se habían perdido para siempre.

Dalí

Creo que ayer soñé con Salvador, el piso se movía y los relojes caían de las paredes y se resquebrajaban, vi elefantes como jirafas y gansos como elefantes, tal vez Cristo me haya notado después de ver a Gala, tal vez la memoria persistente se desintegró y yo volé en su surrealismo eterno... Acabé por ser una espectadora más del león descompuesto y platiqué sinceramente con la niña que levanta el mar para descubrir al perro debajo. Anoche soñé con Salvador, me llamaba por mi nombre y repetía entre líneas "soy un genio", me miraba desorbitado y resolvía abandonarme en la realidad de mi sueño.