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Mostrando las entradas con la etiqueta Pesadillas

La decadencia del hombre azul

Empezó a sentirlo la mañana del 3 de diciembre. Habían corrido los meses a su lado desmejorándole la salud poco a poco y ahora se sentía inminente. El hombre azul miraba el ocaso de un día de enero junto al término de su propia vida. Se sentía acabado, desgastado por las oleadas constantes de ira, inseguridad y odio que habían asaltado a su cuerpo desde incios del año pasado. Ahora estaba tirado en una plazuela desierte sin ánimos de moverse, agazapado en su propia sombra cual animal herido. Su corazón palpitó de pronto con esa rapidez que le aceleraba los pensamientos. Lo deseaba ahora, lo necesitaba AHORA. Su cerebro le gritó a su cuerpo que se levantara y comenzará a andar. K había desaparecido, después del accidente automovilístico que él había provocado, jamás había vuelto a verle el rostro. K sabía muy bien cómo hacerse pasar por fantasma. El hombre azul recordaba aquellos momentos en que K había aparecido de improviso y se había esfumado al segundo siguiente sin dejar rastr...

La muerte de K

Hay algo que necesito entender: ¿qué pasó? Por más que miro hacia atrás y busco una explicación tras otra, todo parece tan absurdo que no consigo dar paz a mi mente. Te he buscado como loco, por debajo de las piedras y entre las letras de las miles de cartas que he escrito para ti en mi cabeza. He intentado llamarte por las madrugadas frente a las olas del mar y no he conseguido respuesta. No lo sé, dónde te perdí, por qué no apareces... Mis pensamientos inconclusos navegan entre los recuerdos de una persona que parece desvanecerse cada vez más frente al espejo. Ayer no tenías frente, hoy ya no te veo los ojos, mañana quién sabe. Cuando desaparezca tu cuello empezaré a pensar que no hay remedio. ¿Sufriré? ¿Sabré que te has ido por completo cuando lo hagas? Vaya cosa curiosa. El hombre azul ponía en carpetas separadas las cartas escritas a diferentes amigos, organizaba con perfección su vida plasmada en memorias aparentemente inconexas, la ponía en los cajones de su escritorio y se pre...

La otra mujer de negro

Parada frente a la lluvia, detrás de la ventana del cuarto azul, observaba las gotas resbalar en el cristal. Miraba con atención los surcos de agua como si fueran a descubrirle el hilo negro de la vida. La mujer de negro se asombraba de los golpes de cada gota como si cayeran sobre ella en vez de repicar en el vidrio. El hombre azul yacía solo en la cama, dormido. Intimidada por la desfachatada desnudez de su amante casual, la mujer de negro usaba la lluvia citadina como refugio. Quería huir entre las aguas desbordantes de las calles, fluir con ellas hasta el mar y desaparecer como la mujer verde entre la espuma de las olas. Pero no podía, sus ataduras al mundo urbano eran demasiadas, demasiado hondas, demasiado pesadas, demasiado represivas. Miró de soslayo al hombre azul, se apretó la bata para cubrir la desnudez propia, como queriendo omitir el acto sucedido, como negándolo en la conciencia. Suspiró queriendo olvidar el pecado reciente. Miró a la lluvia de nuevo, "lávense los p...

El funeral de la mujer verde (2a parte)

La chica de la gorra había advertido al nieto gigante, lo seguía con la mirada mientras el hombre azul intentaba acaparar su atención, "amigo, tengo que irme, qué bueno verte". "Ahora se para y se va, se olvida de mi y pasa al siguiente hombre de su color favorito, yo soy sólo amigo, de ella, de Rojo, de todos...", se quedó sentado pensando, viendo las montañas a lo lejos. La mujer de la gorra había regresado a su auto para poner la radio, el nieto gigante volvió entonces, se paró al lado de ella y juntos se pusieron a cantar y a bailar al son que les tocaba la primera estación que encontraron. El hombre azul sacó de su saco una licorera plateada y la alzó, "por la mujer verde", empinó su contenido directo a la garganta y se acostó en la tierra. "Nadie sabe nada, nadie ha visto nada... todo lo que saben es que estamos parados a mitad de la nada sin señal alguna de alguien que sepa algo", "ironías de la vida, madamoiselle", "deja tu...

El funeral de la mujer verde

Una tras otra caen las gotas sobre el mantel, el cielo se tiñe de oro mientras sube el sol entre las nubes, las aves huyen lejos del horizonte. La mujer de negro se acerca a la puerta y rota la perilla lentamente, abre con cuidado. El hombre azul quedó tendido sobre la mesa mirando a la ventana. K habló de pronto: "¿qué esperas para despertarlo?, nada más sarandéalo y que se vaya despabilando en el camino". Rojo se movió cerca del hombre azul, le puso la mano en el hombro y él se despertó sobresaltado. "¿Qué pasa? ¿Qué pasa?", dijo mirando a todos lados el hombre azul, "te quedaste dormido sobre la mesa otra vez, amigo", contestó Rojo, "ya vámonos", dijo K siguiendo a la mujer de negro. Está amaneciendo, ¿crees que nos de tiempo de llegar?... ¿Rojo? ¿Qué?, ah, sí, claro, nos da tiempo perfectamente, llegaremos exacto al funeral. ¿Crees que al niño de oro le importe si no nos quedamos a la misa? Me choca ir a misa, no lo soporto. Cálmate, amigo, t...