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Mostrando las entradas con la etiqueta sueños

El Mar del Tiempo Perdido

Yo estaba ahí. Parada frente a una inmensidad de agua grisácea que se revolcaba entre una nube de arena y brisa. El viento constante soplaba diminutos granos de roca sobre mi rostro. Permanecía inamovible, con los ojos plantados en un horizonte que no distinguía. No te vi llegar, lo hiciste despacio, moviéndote con la lentitud propia de quien camina contra el viento. Venías con los hombros encogidos, los brazos entrelazados frente al pecho y el rostro sumido en el resto del cuerpo, cubriéndote del arena que volaba en todas direcciones. - ¿Pauline? ¿Qué haces aquí? - Observo el mar... - ¿No te duele la arena? - No me pega. - Me miraste desconcertada. Quisiste hacerme una pregunta pero te la tragaste con la saliva arenosa que bajó difícilmente por tu garganta. - Las he visto. - Hiciste lo mismo. - A las miles de personas que te rodean a cada momento, sé que puedes sentirlas, sé que puedes oírlas incluso. Aunque no te atrevas a admitirlo. - Caíste en la cuenta de lo que te esta...

Delirio

Te tengo en la punta de los dedos. Te escribo como si pudiera tocarte, como si pudieras sentir mis llemas deslizándose por tu espalda. Como si me observaras de reojo esperando una respuesta al suspiro que acabas de soltar. Dejo caer un beso en tu cuello, resbala con mis palabras a tus manos que detienen tu cabeza sobre la almohada. Siento tu palma en mi rostro. Me acerco. Me tienes donde sé que me querías y te sigo escribiendo como si te tuviera de frente. Te recito mis palabras al oido. Sientes mi respiración que transmuta en un vaho apenas perceptible. Puedo sentir que me miras, aunque no lo sé por cierto. Puedo sentir tu mano subiendo suavemente por el contorno de mi brazo, hasta mi hombro. Juegas con las pecas, eso también lo percibo. Las cuentas, paseas tu dedo sobre ellas descubriendo formas que nadie conocía. Ahora tú también me tienes en la punta de tus dedos. Escríbeme como si pudieras tocarme.

Isabella

El sol de medio día debió estar sobre las nubes blancas que anunciaban una lluvia ligera. Ella debió estar parada observando el horizonte delimitado por un cuerpo acuífero sin denominación exacta. El prado a sus espaldas relucía en un rerde digno del verano. Tenía la misma postura de siempre, la espalda erguida, las piernas ligeramente abiertas y las manos en las bolsas del pantalón. Raro en ella, traía el pelo largo, oscuro, recogido debajo de una gorra. Se pasó la mano por la nuca desnuda, movió la cabeza a un lado y al otro. Su figura era esbelta, alta y elegante. Vestía un traje café de tres piezas y una camisa blanca. La tela pesada delineaba su contorno como si lo recortara en el azul del agua y el cielo. Esperaba. Suspiró sin darse cuenta, sin decir nada. La inercia la hizo voltear. Sus grandes ojos cafés se posaron en una silueta que caminaba desde el otro lado del horizonte hacia ella. Gritó su nombre y elha le sonrió como si pudiera verla. Levantó la mano y saludó en el ai...

Cuestiones

Mi vida ha estado llena de certezas: la de estar, la de no estar, la de querer estar, la de saber que estaré cuando el momento sea adecuado. La certeza de sentir ha sido siempre la más importante, la que me recuerda de pronto, en esos instantes extraños en los que parece que se me olvida dónde estoy, que me encuentro en el momento acertado. Las preguntas vienen primero, siempre. Ella vino ayer mis sueños y convirtió la última cuestión en una certeza rotunda. Se acercó por la espalda, con esos pasos que retumban en el horizonte distante, con la sonrisa plácida de siempre. Me dio la vuelta por la izquierda y yo la vi pasar de reojo. De alguna manera ya sabía que vendría. Se sentó frente a mí, en una silla que apareció de la nada. Lo hizo con cierta solemnidad, la espalda recta, el cuello alzada, las manos sobre las piernas. Parecía que flotaba. Pero, claro, yo estaba soñando y lo sabía. Era un cafecito, muy pequeño, en alguna calle que se parecía a todas las que conozco. Levanté los...

Desire

Falling... the ocean swallows my heart, my brain, I think no more. I got lost in the sea. That's all.  Falling... deep. I feel the water in my launghs, the heavy burgain of the past running deep into my throught. I'm guessing is some sort of redemption, the killing of a shadow. No, I am not suicidal. I just want to eliminate the nasty feeling of that someone who's being watching me all this time. So... I got myself into the ocean, swalloed the water in an impulse for redemption... redemption. Cleansingnes -what I need. It is a crazy desire -I know, yet a strong desire. I must go for it. I must let myself go into the ocean, fall into the water, go deep... deeper... deeper. The water is cold, solid and so blue it almost feels black. My body is a mere mass of colapsing air. Nothing is left to be told, to apologise, to forget, 'cause everything if washed by the salt pushing it out of my skin. Heavyly, I fall. Once my feet had touched the bottom -rock bottom- I begin the jo...

Drew

Era un ser pequeñito, chaparro y flaquito, o así me lo pareció. Sus ojos enormes me miraron por primera vez en el salón donde solíamos reunirnos con los demás, estaba escondido entre las sombras, con sus manitas verdes apenas saliendo de la túnica negra grisácea que siempre usaba, pegadas ambas a los costados de su cuerpo, su gran nariz sobresalía con su fleco amarillo anaranjado de la capucha que nunca se quita. No conozco su rostro, tengo que admitirlo, he visto sus ojos porque brillan, pero nunca he visto su rostro. Camina chistoso, como dando brinquitos, sus pies rara vez salen de la túnica que arrastra por todos lados. Nada le acompleja, anda siempre sonriente, lo cual es raro para un ser de tan pequeña estatura y tanta extrañeza. No habla, apenas suelta uno que otro sondillo casi chillón, todo lo dice con gestos, es un maestro para darse a entender con las manos. Escribe con cierta solemnidad, en una letra barroca, recargada de florituras, como si fuera una pequeña imprenta de h...

La mente de la mujer de negro

Volví a soñar con el hombre azul. Estaba sentado de espaldas a mí en la cafetería de la 3. Su traje de rayas  resaltaba entre la clientela estudiantil del lugar como una mancha de café en un mantel blanco. Vi el contorno de su cuerpo y se me estremecieron los nervios. Tuve la certeza instantánea de que era él sin serlo. Algo me decía que detrás de ese espeso cabello oscuro había sonrisa malévola al asecho. Juraría haberle visto los labios de Guasón desde el reverso de la cabeza. No quise acercarme, pero él ya me había visto y me llamaba con la mano. Caminé sigilosamente, nerviosamente, hasta la mesa y me senté frente a él sin saludarlo. No dijo nada. Si lo hizo, yo no lo escuché, estaba absorta en sus ojos oscuros y endurecidos, casi vacíos. Me parecía monstruoso detrás de la máscara de dulzura que solía ser su rostro. Lástima, pensé, era muy guapo, ahora se ve deforme: ojeroso, pálido, demacrado, ríe nervioso, pareciera que tuviera miedo de que alguien lo asaltara de pronto. Debe...

A Gala

Te estás volviendo recurrente, cada vez que cierro los ojos veo los tuyos en vez de los míos. El bosque detrás de tus pupilas se hace real y yo me interno en tu búsqueda. Haz hablado conmigo de mil cosas que conoces y todas ellas han sido reales al despertar. Me pregunto si estarás ahí cuando me hagas falta... me has dicho que sí. Te he soñado como nunca, una vez tras otra en instantes inconexos que se vuelven obsesivos cuando abro los ojos y entiendo que no fueron en verdad. ¿Lo fueron? Ayer me dijiste que volverías, lo hiciste con tus labios contra mi oreja, mi subconsciente te creyó. Hoy desperté con el pecho vacío, como si algo me hubiese robado el aliento mientras dormía, recordé que estuviste en mis sueños... Todo lo que queda son preguntas con respuestas perdidas en el tiempo. Lo sé, está cerca...

Gala

Si tuviera una máquina para viajar en el tiempo, retrocedería tanto que pudiera encontrar a mi sueño antes de que existiera.... Quisiera formarte con arcilla y agua, hacerte de carne y hueso por alguna deidad, traerte a vivir bajo las estrellas y esperar... esperar a encontrarte con los años. Quizá, algún día, me encuentres donde menos lo esperamos, me mires a los ojos desde lejos y sepas que fui yo quien volvió las lunas para traerte a la vida. Que el destino haga de nosotras lo que quiera después...

La Calle de los Sueños Perdidos

Timothy caminaba por la calle vacía mirando hacia todos lados, no entendía muy bien en dónde estaba ni cómo había llegado ahí. Las manos apretadas en los bolsillos de la chamarra gris, el cuerpo encorvado para mantener el calor, el niño intentaba cubrirse de las ráfagas heladas que azotaban polvorientas. El cielo era gris, la luz del sol se difuminaba como si todo fuera una gran masa de nube luminosa. El panorama era gris, a diestra y siniestra se levantaban pedazos de edificios que alguna vez estuvieron habitados, todo era ruina, todo era polvo. En esa calle infinita Tim aparecía como un fantasma, un recuerdo lejano que encontró color entre el mundo de sombras. Un murmullo se oyó a lo lejos, se acercó amenazante, se tragó al niño en un gruñido. Timothy sintió las orejas arderle mientras pasaba por una nube polvorienta que gruñía con furia, se agazapó contra el suelo y resistió. Pensó que era una bestia enorme que se lo comería vivo, pero sólo era sonido, aire y polvo. Se levantó, se l...

Los Shh...

¿Alguna vez has sentido que te roban el sueño? Estás plácidamente navegando los mares de oriente en un barco pirata, o caminando errante por el bosque de niebla, o comiendo un helado sentado en el parque como cuando eras niño y, súbitamente, un pedacito desaparece, uno de los forajidos que navegaba contigo se desvanece cuando está por pillar algún tesoro, un árbol se convierte en un espacio vacío o tu helado favorito se queda sin sabor.  ¿Te ha pasado? A mí, sí. Una vez, después de haber comido y bebido con la familia, me recosté a tomar una siesta. Estaba en una playa, caminando a la orilla del mar, escuchando las olas. Mi hermana gritaba mi nombre desde el otro lado. Yo corría con una vara en la mano, escribiendo cosas en la arena que el agua se llevaba consigo. Ella me gritaba cosas aún cuando los sonidos empezaron a desvanecerse con el viento, se perdieron. Las olas, los gritos, los pasos en la arena, todo se perdió. Recuerdo que mi abuelo, Papá Ceniza, lo dijo muy bien: cuando...

Soñando

Como siempre, tuve un sueño. Y me lo quedé callada. Porque no quiero que se sepa lo que piensa mi subconsciente cuando estoy contigo. Ah, se me olvidó decirte que estabas en él. Yo sólo cerré los ojos y obedecí tranquila las órdenes de Morfeo, lo demás vino solito y se quedó... se quedó... se quedó hasta el amanecer cuando tuve que abrir los ojos y quitarme el velo de imágenes que se detuvieron entre mis párpados y mis pupilas. Ahora estoy aquí diciéndote, sin decirte, que te soñé y ocultando entre las líneas lo que realmente pasó por mi cabeza. ¿Recuerdas aquellas historias que te conté hace algún tiempo? ¿Aquellas que no eran ni tuyas ni mías? Bueno... así he soñado y me he quedado con el sentimiento guardado en la piel, en los labios y en el rostro. Ya he dicho más de lo que debía, ahora callo y hago de cuenta que te he contado mi sueño, o que lo has vivido conmigo y las palabras estuvieron demás.

Regalando lunas

Había una vez una niña que veía a la luna todas las noches desde la ventana de su cuarto. Se asomaba mientras la noche era más oscura alrededor del astro, observaba plácidamente cada recoveco y soñaba con volar. Mira, luna, luna, luna, a la niña que te mira y te sonríe. Mira y platica con tus labios de nubeluz. Escucha con tus estrellas... Mira, luna, luna, luna, que ella ni se va ni se aburre, que te abraza desde abajo con los ojos, que te atesora en los dientes, que te toma prestados pedacitos de sol. La niña miraba y platicaba con la luna cuando sus padres y su hermana se iban a dormir, le contaba toda clase de cosas. Le hablaba de su abuela que le decía que se para derecha, de su padre que la regañaba por poner los codos sobre la mesa y de su madre que le peinaba la melena enmarañada con cariño por las mañanas. Le decía que cuando fuera grande encontraría la manera de llegar a la luna y traer un pedazo con ella para dárselo a sus hijitas, que tendría muchas. Un día, la niña tuvo ...

Frankestein reloaded

Ayer en la tarde, con ánimos de hacer poco, estaba yo en el Messenger platicando con mi buena amiga Zilapeta, hablando de… bueno, de muchas cosas, entre ellas, de aquella flor amarilla que crecía entre las páginas de un libro de historias de terror, intentábamos recordar su nombre: Zila dice: pudo haber sido una flor de cempasúchilt y ya sé que no se escribe así jajajaja PoLK dice: jajajajajaja si, si, podría ser… ¡oye!, una de esas hubiera quedado perfecta en la mano de Frankestein mientras corría huyendo de aldeanos enardecidos Zila dice: jajajajajajaja aldeanos, ¡mejor enanos! jajajaja PoLK dice: Frankestein corría de los enanos con una flor de cempasuchitl en la mano Zila dice: nos faltó decir que a Frankestein lo creó un espejo maldito PoLK dice: a ver: Frankestein era un pobre tipo que vivía en la selva lacandona, un buen día viajó a Austria y se encontró con un espejo olvidado abajo de unas escaleras... lo sacó Zila dice: y al no poder ver su reflejo PoLK dice: el espejo dijo: ¡...

Liberación subconsciente

Nunca dije que fuera sencillo pero quisiste hacerlo, ahora me culpas de que hayas fallado y te equivocas... Esta vez no voy a ayudarte, ayúdate tú mismo. Y me miró con las pupilas enfuercidas desde el otro lado del espejo, como queriendo rompres la barrera de mundos para lanzarse con sus m anos vacías a mi cuello. No pude, el cristal entre sus ojos y los míos me detuvo, pero hice algo peor: irrumpí en sus sueños y aniquilé al inconsciente que no lo dejaba actuar. Ahora somos uno sólo, sin barreras, y hacemos lo que nos da la gana. ¡Carajo!, qué bonito se siente ser libre. Pintura: "Fenómeno" de Remedios Varo

Sueña conmigo

Las noches impacientes terminaron cuando llegó tu sombra, sentí su mano caliente sobre mi hombre después de oir sus pasos sobre el entarimado de la entrada. Se sentó junto a mi cuerpo durmiente en la cama y me susurró cosas al oído que no quise entender. Ahora duermo sabiendo que sueñas conmigo cuando tu sombra viene a visitarme. Pintura: "La despedida" de Remedios Varo (ésta es una de mis favoritas)

Escribir

Escribir sin sentido, cachar palabras en el aire y pegarlas en algún lado, pescar ideas en el estanque de todos y comerlas hasta hacerlas nuestras. Escribir con la gracia de las musas y la ayuda de los dioses, aunque sea alrevés. Escribir desde la mente, desde el corazón, desde el otro lado del mundo impoluto y absurdo que es uno mismo. Escribir por la mañana, por la tarde, por mera curiosidad de entender lo que se piensa y se siente. Escribir para divertir, para hacer pensar, para creer que se piensa cuando en realidad no importa. Escribir en inconexo o con miles de ataduras a la realidad... escribir el ensayo de un crímen o la obra de teatro de la obra de teatro donde se mató al rey, escribir al personaje que se cree real y al que se sabe ficticio... Escribir es el mundo de posibilidades más el universo de ideas revueltas con el pedazo letrado que es uno mismo, desde adentro y desde afuera. Escribir es la huella que se deja poco a poco en el mundo externo del mundo interno, sin impor...

El sueño de Sara

Sara cierra los ojos en la penumbra de su cuarto, está acostada boca arriba, siente la briza del aire en la cara. Quiere dormir pero la mente no la deja, recuerda intranquila el momento en que se despidió de Lia, deseaba tanto besarla. Pasaron los minutos, el sueño por fin llegó y Sara perdió la conciencia. En el mundo surreal la esperaba una imagen, una mujer delgada, de cabello castaño y ojos café que reía tímidamente, estaba sentada en la sala de su casa, a su lado. Platicaban animosamente. Sara la miró a los ojos, Lia se sonrojó. Sara alargó la mano y acarició el rostro de la mujer que la miraba mientras hacía a un lado un mechón de su cabello. Lia no podía mantener la mirada tranquila, veía a Sara y volteaba a otro lado, estaba sonrojada y nerviosa. La mano de Sara pasó por la oreja de Lia y se detuvo en el cuello. Lia sostuvo su mirada y acarició su rostro mientras se acercaba para besarla. Sintió claramente el calor de los labios de Lia contra los suyos. Se acercó a ella, bajó s...

Papá Ceniza

¿Alguien ha visto el final del abismo? Sentado en su mecedora milenaria Papá Ceniza mira al ocaso. Le saludan los árboles con sus ramas bailarinas, el viento las mece. Con una sonrisa se acerca a lo lejos un niño morado, salta y ríe y se siente feliz corriendo por los aires. Ha llegado a casa. Papá Ceniza observa caer la noche sentado aún en su silla. Espera tranquilo que las estrellas le iluminen el rostro. Recuerda, con el niño morado sentado en el piso a un lado de él. Recuerda cuando era joven, una flama roja y ardiente. - Me acuerdo - dice con su voz cansada y vieja-, de las veces en que tu tío y yo íbamos a cazar mariposas por el bosque, las atrapábamos con redes de nube y las traíamos en cajitas de cristal para conquistar a las muchachas, ellas se volvían locas con las mariposas de colores... - ¿Qué hacían ellas con las mariposas? - Las engarzaban en sus ropas con hilos de algodón que amarraban a una de sus patas, les daban de comer pedacitos de hoja y las dejaban volar dentro d...

Adiós

El astro de plata ilumina el sendero. Los rostros cansados y alegres se miran bajo la luz blanca de la luna llena. Abrazos, palabras de aliento, lágrimas de despido... Los observo andar, fundirse con la negrura, perderse en la distancia. Los miro mientras se los lleva el viento a lugares distantes, mientras vuelven felices a las tierras de las que vinieron. Sentimientos cruzados invaden nuestros ojos, el alegre final de una batalla que parecía eterna, la tristeza ineludible de la partida de los amigos. "Fui feliz a tu lado, aunque el destino esperara otra cosa. Fui feliz aunque me viera envuelta en pesadillas. Fui feliz..." Esos amigos de otros tiempos se pierden en las estrellas para volver por caminos inesperados y reencontrarse en las tierras de otros. Soy yo, somos nosotros, somos los mismos siendo distintos.