Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta Emilio

Nostalgia

Ayer soñé contigo, estábamos en tu viejo cuarto, yo recargada en el marco de la puerta, tú al fondo observándome parado con los brazos cruzados sobre el pecho. Hablamos por horas. Me hablaste de mi madre como sueles hacerlo con tus ojos de viejo, con tus palabras de conocedor me indicaste los caminos a seguir de ser inútiles algunas palabras, me hablaste de mi abuela, volteaste la mirada como siempre lo haces cuando hablas de ella para que no se note la nostalgia de tus ojos, me hablaste pausado de lo que sucederá pronto y me pediste, como siempre lo haces, que la cuide de cerca. Así eres tú... así siempre fuiste, cauteloso y callado. Ahora me hablas, te veo entre sueños y conversamos largo y tendido, me hablas de ayer, de hoy y de mañana con la sabiduría que tus canas te han dejado. Permaneces en el cuarto, vigilante, atento a los movimientos de todos los que pasamos por ahí, sonríes al ver a los más pequeños correr y brincar como chapulines, ya no gritas, sabes que nada perturba tu s...

Fantasía subconsciente

Si las palabras en el aire dijeran algo, las escucharía todas, hablaría sus lenguas muertas y profundas, entendería sus pequeños murmullos en mis orejas. Si las palabras en el viento viajaran distancias incalculadas yo podría moverme con ellas, recorrer el mundo en pequeños saltos, diminutos suspiros que como estrellas fugaces naveguen por el espacio sin ser percibidas por el ojo humano. Dígame usted, señor de los sueños, a dónde huyo cuando los murmullos en el aire me hablan a gritos, a dónde si me dicen que escape, si hablan de fuegos y calamidades futuras que se avecinan a pasos agigantados. Dígame, amigo, qué hacer cuando escuchas con atención el océano de palabras en el aire que ahora se mueve tormentoso, oigo barullos de tromba en las planicies acuosas. Levanta Emilio el mar de sueños que guarda mi memoria, suspira en mi oído y excita mi subconsciente, quiero oírte... Sal, Elisa de tu silencio para moverte entre las sombras de la luz del día... Si mi mente hablara por sí sola, si...

Emilio

Hace muchos años que no te veo. Tal vez ya no recuerdo tu cara, pero en mi memoria guardo la calidez de tu mirada, ojos de abuelo que miran niña y piensan en dulce. Cierto es, y siempre fue que no aguantabas nuestros juegos, fuimos, en ese sentido, tan ajenos. Pero todos íbamos a ti, señor de dulce y caramelo, para ver al hombre que aunque fuerte terminaba por doblegarse y regalarnos paletas. Te vi desde mis ojos pequeños, desde mi estatura mínima, y no recuerdo qué fue lo primero que miré, tal vez tu cabeza nevada o tu sonrisa que, por un momento, parecía de azúcar. Hace mucho tiempo que no oigo tu voz, ni tus palabras cándidas, ni tus regaños de nervios añejos. No he vuelto a escuchar, "ay, pero, mi niña, cómo has crecido", sintiéndo una mano fuerte acariciar mi cabello de nieta. Hoy eres recuerdo, y no mueres, porque estás donde siempre estuviste y no te has ido, ni te irás sólo porque después de vivir en vez de volverte sombra, eres luz de memoria. Y, por si no lo han not...