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Ella...

- ¿Está bien? - Sí, creo que no ha comido, por eso se desmayó, tráele una coca, no seas mala. - Sí, voy. Ella abrió los ojos y se descubrió a sí misma en un cuarto blanco, acostada en un sillón pequeño, con el pantalón y el sostén desabrochados. Un rostro amable y barbón la observaba soplándole con un fólder vació. - ¡Hola! - Le dijo muy sonriente el hombre de la barba. - ¿Hola? - ¿Te sientes bien?... Te desmayaste hace un rato en la calle... - Ah, sí, estoy bien, gracias. - ¡Cuidado! No te levantes, mejor quédate ahí un rato. Ahorita te traen una coca para que te sientas mejor. - Yo... - No es pregunta. - Sonrió.- No te voy a dejar que te vayas hasta que te la hayas tomado, es un hecho. Ella lo miró con una mezcla de asombro e incomodidad. Le sonrió por compromiso. ¿Quién es? Sé que lo conosco, se me hace familiar, pero... ¿dónde lo he visto? No se parece a ningún actor, ¿o sí? Le tomó unos segundos más recordar su voz. ¡Es él! Recordaba entonces a su hermano, en la prep...

Tiempo después

Después de una ausencia necesaria del ciberespacio, regreso al blog. Tengo como mil cosas en la cabeza, quisiera decirlas todas pero ni el tiempo ni la página son suficientes. Revolución me ha estado pegando de gritos en los oídos, quiere salir corriendo de mis neuronas y materializarse. He leído las noticias, algunas -si leo todas todos los días me voy a volver loca de coraje-, y cada vez que lo hago siento cómo su voz me apabulla la cabeza, quiere salir. El problema aquí es que ninguna de las dos -ni ella ni yo- estamos convencidas de tomar el toro por los cuernos de manera solitaria y empezar a darle de palos a la situación absurda en que vivimos, aunque las dos creamos que ya va siendo hora de un cambio radical. Si no logro cambiar mi historia, cuando menos cambiaré la suya. Aquí se las voy dejando a pedacitos. Su nombre es Revolución y necesita ser escuchada.

La otra cara de Revolution

Caminaba por las calles vertiginosas de una ciudad portuaria, la madrugada se le antojaba soporífera pero la adrenalina de la víspera aún le bullía en las venas y no pudo controlar el instinto nativo de vagar sin rumbo. La mente estaba embotada en gritos, tamboreos, músicas estruendosas y ruidos incesantes, la ciudad silenciosa. Con los pies apretados en dos botas gruesas de casquillo, las manos metidas en los bolsillos de la gabardina beige y los ojos apretados detrás de los lentes de visión lejana, andaba con rapidez, como perseguida por el viento. Entró a un callejón vacío y sintió a su pecho contraerse de súbito, exhaló un vaho de insatisfacción que ya no podía contener. Revolución la vio venir desde el otro lado de la calle, se detuvo frente a ella para cortarle el paso y quiso hablarle. Ella le dio la vuelta. Revolución la siguió. Ella viraba con rapidez en las esquinas, siguiendo a su perseguidora con el rabillo del ojo. Revolución no le quitaba los ojos de encima. Llegaron a un...

Minimizando

Extrañando 1 She says she's got what I need, the right amount of it all. I say I've got no room for her, she should now be gone. We wonder if it'll ever be, whatever it is we're both looking for. I know, it'll be, it'll apart that's all. 2 En la tarde, con la luz del sol cayendo sobre los lomos de los volúmenes más antiguos, ella recordaba la vez que hablaron bajo el árbol del fin del mundo. Siglos después, te sigue extrañando. 3 Hoy tengo cierta zozobra en la cabeza y la lluvia ha hecho un charco en mi mente. Se me enmoheció la memoria. 4 Quiso decir que no tenía tiempo, dar la media vuelta y marcharse. Sus ojos se lo impidieron como siempre.  Extraños Por semanas he cazado a este ser extraño. Me ha eludido entre las aguas los árboles. Le he encontrado agazapado entre la hierba. Me miró a los ojos con rudeza y dijo: ¡despierta! Ahora sé que tendré que volver a buscarlo.

Escenario

Siento la garganta adolorida, atiborrada de alguna especie de nudos consecuentes que se mueven hacia arriba y hacia abajo sin ton ni son. Me siento fatal. Desde que las luces se apagaron anoche en el teatro y todo quedó vacío, yo siento los nervios crispados y unas ganas incontenibles de llorar. Me he mantenido al margen del drama, como siempre, mero espectador. Ni a tramoyista llego, imposible. Ella lo miró con desdén y él volteó el rostro a la nada como no queriendo saber de qué se trataba. Ella salió del escenario sin decir una palabra y él se quedó llorando con el rostro enrojecido de furia. Ella volvió. Él le dijo que se fuera, que no volviera más. Ella quiso replicar. Él la miró con dureza. Callaron. Empezaron a bailar una especie de tango embravecido de miradas y palabras cortantes. Se laceraron las pieles a golpes verbales. Se acercaron a milímetros. Se alejaron kilómetros en sólo dos sonidos. Ella respiró muy hondo, sus ojos se helaron y su expresión se puso rígida. Él la vio ...

El sillón

Una tarde noche, cerca de que la luna se asomara entre las nubes, una niña y una prima nadaban en una alberca fortuita.  Una borbolla de burbujas apareció de pronto en una esquina haciendo blop blop blop. Una sombra amorfa se podía ver debajo de las burbujas. Del agua, de entre el blop blop blop, salió una esquinita mullidita de tela verde estampada. Apenas y se veía entre el alboroto. ¡Era un sillón! Pequeño y acolchonado que apareció al otro lado de la alberca. Despacito, se acercó a la niña y la invitó a sentarse sobre él. Le dijo que él flotaba muy tranquilo y que ella podía ir en él a lo hondo. Pero ella lo miró con extrañeza y le dijo: - tú no eres un sillón, los sillones no nadan. - ¡Ah!, pero yo soy un sillón especial que nada en las albercas. - Pero los sillones no hablan… - respondió ella. - Es que yo soy un sillón mágico que habla y nada en las albercas. - Pero los sillones no hablan porque no tienen cara… - Claro, y en la cara tiene uno la boca con la que habla, ella...

Mario

- Quiero un beso de tus labios. - Síguelo esperando... - Por qué me torturas. - Por que me sigues buscando. - Anda, no seas mala, ya déjame probarte, sólo una vez... qué tal si te gusta. - Y qué pasa si no... - Pues hasta ahí la dejamos. - No me convences. - No seas tan testaruda, anda... - No seas tan rogón, véte a tu casa y déjame en paz. Seguro tu mujer te está esperando. - Ya te dije que no es mi mujer, es mi hermana. - Aún así... te ha de estar esperando, ya es tarde. - Ay, contigo, pero algún día caerás, verás que sí. - Apuesta lo que quieras, galán, conmigo no vas a poder. Se fue y no volvió hasta los tres días, la barba recortada, los músculos marcados y la pose de "puedo con todas" lo decían todo. Me quería para él. Vino a hablarme de libros y de cine, me dijo maravillas de todas las cosas que pudo. Quiso endulzarme los oídos con su platica culta. Trajo consigo una botella de vino, del mejor que pudo encontrar, de tal y cual uva, de algún lugar lejano. Quiso impresi...