Te tengo en una especie de memoria finita, encerrada en cuatro líneas desde las que observas los movimientos de mis dedos, el ir y venir de las letras en el horizonte de tus acciones. Yo no veo más allá de lo que permites ver y tú no haces más que lo que describo.... quizá sí lo hagas, sin que yo lo sepa. Mírame a los ojos, háblame. ¿Qué haces ahora?
Érase una vez un hada de color morado... su historia fue escrita en la puerta de una chica con una cama de princesa loca de manicomio y unos audífonos que transtornan la realidad a su paso. Algún día le tomaré fotos y podrán leer lo que de ella fue.
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