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Las tres hermanas

Los días de sol empiezan a volverse escasos, las nubes abarcan el cielo de horizonte a horizonte, las mañanas se hacen cada vez más frías. El viento del mar hiela los cabellos de una mujer que está parada sobre las rocas de la playa, su vestido está manchado de lodo y percudido por el tiempo, su rostro intranquilo contempla las olas que rompen con fuerza sobre la arena. "Llegarán pronto", piensa sin quitar la vista del azul profundo. "¡¿Alguna señal?!", grita otra mujer desde más arriba, "¡ninguna!", responde la primera, "¡vendrán... pronto!", dice una tercera saliendo de una gruta enclavada en la pared del acantilado que enmarca la playa.

- La esperanza es lo último que muere...
- No te enojes, hermana, pero siempre dices lo mismo.
- Lo sé, es lo que creo... o quiero creer.
- Te preocupas demasiado Ara, dijeron que vendrían y cumpliran con su palabra, esperaremos contigo el tiempo necesario.
- Mor tiene razón, estaremos aquí hasta que lleguen. No vamos a dejarte sola.
- Gracias hermanas...

Io, Mor y Ara se han reunido en la playa bajo su vieja casa. Hacía casi una década que las tres hermanas no pasaban tanto tiempo juntas.

- Se acerca la noche, creo que deberíamos resguardarnos, el frío se va a hacer insoportable.
- Io tiene razón Ara, será mejor que subamos y esperemos en la casa. - Aranedel suspira mirándo al cielo mientras Morwen la abraza.
- Quisiera esperar un poco más... si quieren suban ustedes. - Ioanna y Morwen se miran preguntándose si será buena idea dejarla sola.
- No...
- Esperaremos contigo un rato más y luego subiremos. Ven con nosotras.
- Más tarde, Io, quiero esperar.
- Sí, más tarde... la noche pinta fría, miren esas nubes, no creo que haya luna hoy.

Morwen se dirije una vez más a la gruta, Ioanna camina por la playa observando el agua que viene y va cerca de sus pies. Aranedel lleva horas plantada en el mismo lugar, se sienta, se para, se mueve unos pasos y regresa, juega intranquila con piedras pequeñas que encuentra cerca. El viento augura lluvia y frío, quizá granizo según piensa Ioanna mientras observa a su alrededor. "Ya deberían estar aquí", piensa Morwen sentada a la entrada de la gruta, "debieron llegar ayer cuando mucho, se están tardando".

- ¡Hay algo ahí! ¡¿Son ellos?! ¡Mor, Io, vengan! ¡Ahí hay algo! - Aranedel señala al océano, una mancha negra se acerca desde el horizonte. - ¡Son ellos! ¡Son ellos!
- Por fin... Llegaron.

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