La luna se mece tranquila en el mar de estrellas oscuro, el sol apenas la toca con sus rayos dorados que se vuelven plata, algunas nubes oscilan en lo alto. El rayo fugaz del silencio toca mis oídos. Es un zumbido por segundos, luego nada, simplemente nada. Respiro sin oír el aire que entra a mis pulmones, no percibo ya los latidos de mi corazón...
Érase una vez un hada de color morado... su historia fue escrita en la puerta de una chica con una cama de princesa loca de manicomio y unos audífonos que transtornan la realidad a su paso. Algún día le tomaré fotos y podrán leer lo que de ella fue.
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